
Los procesos de comunicación mediados por Internet cumplen con lo mencionado por Shannon y Weaver en su famosa Teoría Matemática de la Comunicación. En términos generales, se puede decir que, dentro de los entornos virtuales, en todo contexto comunicativo en el que se produce un flujo o una transmisión de información pueden identificarse los siguientes elementos: el emisor, el mensaje (o señal original), el contenido informativo, el transmisor, la señal emitida, el canal, la señal recibida, el transmisor inverso, el mensaje (o señal final), el receptor, la situación, el contexto, el código, la fuente de ruido y el feedback.
En concreto, todo proceso comunicativo ejemplificado en un entorno virtual y donde se transmite cierta información pueden llegar a intervenir, por un lado, una serie de elementos (el emisor, la señal original, el contenido informativo, el transmisor, la señal emitida, el canal de comunicación, la señal recibida, el transmisor inverso, la señal final, el receptor, la situación, el contexto, el código y el feedback) dotados de unas funciones determinadas y, por otro lado, un factor de disfunción (la fuente de ruido).
En este tipo de entornos y en términos generales, la señal, el contenido informativo y el emisor son los tres elementos básicos de los contextos informativos. En los entornos virtuales podemos definir los procesos de comunicación como aquellos en los cuales un emisor transmite cierto contenido informativo (cierta información) a un receptor mediante el uso de una señal. Por tanto, en todos los contextos comunicativos siempre es posible identificar los siguientes elementos básicos: el emisor, la señal, el contenido informativo y el receptor. Todo contexto en el que no existan o no se puedan identificar claramente cada uno de estos cuatro elementos debe ser considerado como un episodio en el cual no se ha producido comunicación.
Introducidos los elementos básicos de los contextos informativos y de los comunicativos ya se pueden mostrar algunas diferencias claras dentro de los entornos virtuales. En primer lugar, en estos entornos hay que destacar que en ambos contextos, tanto en los informativos como en los comunicativos, la señal, el contenido informativos y el emisor son elementos imprescindibles (no existe comunicación ni flujo informativo sino existe una señal, un emisor y un contenido informativo). En segundo lugar, hemos de señalar que el receptor es un elemento necesario dentro de los contextos comunicativos (no existe comunicación si no existe un receptor), aunque no es en absoluto necesario cuando hablamos de contextos informativos.
Como se desprende de lo expuesto, a partir de los elementos necesarios que comparten los dos tipos de contexto, podemos considerar que en los entornos virtuales la totalidad de los episodios comunicacionales debe ser considerada como un subconjunto de la totalidad de los contextos de flujo informativo. Esto significa que siempre que se produce un contexto de comunicación éste incluye necesariamente un flujo de información, pero no siempre que ocurre un episodio de flujo informativo podemos decir que nos encontramos frente a un contexto comunicacional (puede producirse flujo informativo que no se vea envuelto dentro un contexto comunicacional).
Como acabamos de señalar, en este tipo de entornos, la figura del emisor es imprescindible tanto en los contextos informativos como en los comunicativos (no existe flujo informativo ni comunicación si no existe un emisor). Ahora bien, en estos entornos, para que se produzca respectivamente un episodio de flujo informativo o de comunicación ¿es suficiente con el hecho de que intervenga un emisor? La respuesta es clara: no. Para que se produzca un episodio de cualquiera de esos dos tipos contexto es necesario también que el emisor tenga la intención de transmitir cierta información (cierto contenido informativo) utilizando la señal en cuestión.
La figura del receptor es un elemento necesario dentro de los contextos comunicativos (no existe comunicación sino existe un receptor), aunque no es en absoluto necesario cuando hablamos de contextos informativos. Ahora bien, para que se produzca un episodio de comunicación en un entorno virtual ¿es suficiente con el hecho de que intervenga un receptor? La respuesta es clara: no. Para que se produzca un episodio comunicacional en este tipo de entornos es necesario también que en el receptor se produzca cierto efecto a partir de esa información transmitida y asociada a la señal utilizada. O dicho de otra manera, para que se produzca comunicación, la información transmitida por la señal debe causar cierto efecto en el receptor que la recibe. El mínimo efecto que se exige es que el receptor reciba la información (o contenido informativo) asociada a la señal.
En el proceso comunicativo donde se transmite cierta información pueden llegar a intervenir, por un lado, una serie de elementos (el emisor, el mensaje o señal original), el contenido informativo, el transmisor, la señal emitida, el canal de comunicación, la señal recibida, el transmisor inverso, el mensaje (o señal final), el receptor, la situación, el contexto, el código y el feedback dotados de unas funciones determinadas y, por otro lado, un factor de disfunción.
En concreto, este proceso puede describirse de la siguiente manera. El emisor (la fuente de información, el elemento del que parte el proceso comunicativo, y que se caracteriza por su intención de transmitir cierta información a un receptor) selecciona una señal concreta o una cadena de señales (a partir de ahora nos referiremos a esta señal utilizando las expresiones “señal original” o “mensaje”) de entre un conjunto de señales posibles (o de cadenas de señales posibles). Esta señal original o mensaje transporta un contenido informativo determinado. El transmisor se encarga de transformar o traducir ese mensaje produciendo para ello una señal (señal emitida) que a la postre es la que será transmitida. Esta señal emitida debe transportar la misma información que el mensaje. En muchas ocasiones es el propio emisor el que actúa de transmisor ofreciendo esa transformación o traducción del mensaje. Para que esa operación tenga éxito, el producto de la traducción, la señal emitida, debe ofrecerse de acuerdo a un código y en sintonía con cierto contexto.
Un código no es nada más que un sistema de señales gobernadas por un conjunto de reglas que determinan cómo y en qué contextos las señales pueden ser usadas y combinadas para transmitir información. No hay que ir muy lejos para encontrar códigos: el código morse, el código de banderas utilizado en la marina o incluso cualquiera de las lenguas naturales que hablamos (catalán, castellano, inglés, etc.) con sus reglas sintácticas y semánticas puede ser consideradas como ejemplos de códigos.
El contexto, en cambio, debe identificarse como el conjunto de señales que ya han sido trasmitidas anteriormente y que preceden a la señal emitida.
La señal emitida circula por el canal de comunicación, adecuándose al mismo y partiendo desde el transmisor. El canal no es nada más que el medio material cuya alteración permite esa transmisión de la señal emitida. El aire (cuando hablamos en persona con alguien), el papel (cuando escribimos a alguien) o el cable telefónico (cuando conversamos utilizando un teléfono) son ejemplos de canal de comunicación.
La señal emitida llega a través del canal al transmisor inverso. Cuando alcanza esa posición pasamos a denominarla señal recibida. Esta señal recibida acostumbra a coincidir con la señal emitida. El transmisor inverso (una especie de transmisor con la función comunicativa invertida) se encarga de descodificar, transformar o traducir esa señal recibida y convertirla en el mensaje (o señal final). Recordemos que este mensaje, si no se ha producido nada que altere el proceso, transporta la misma información que la señal recibida, que la emitida y, por tanto, que el mensaje. En muchas ocasiones es el propio receptor el que actúa de transmisor inverso realizando esa transformación o traducción de la señal recibida. Para que esa operación tenga éxito, el producto de la traducción, la señal emitida, debe ofrecerse de acuerdo al código y en sintonía con el contexto. El receptor, destinatario último del proceso comunicativo, recibe e interpreta esa señal final, experimentando cierto efecto a partir de esa información surgida originalmente del emisor y que se ha mantenido a lo largo de toda la cadena de elementos.
Ahora que ya hemos introducido la noción de transmisor inverso, es importante señalar que uno de los requisitos básicos que se deben exigir para que se produzca realmente comunicación es que el transmisor (o el emisor, si es éste el que desarrolla esta función) y el transmisor inverso (o el receptor, si es éste el que realiza esta actividad), al producir sus respectivas traducciones, compartan y utilicen el mismo código y se encuentren en sintonía con el mismo contexto.
Estrechamente relacionado con la figura del receptor se encuentra el fenómeno del feedback (o retroalimentación). Cuando, en el apartado anterior, mostramos las diferencias entre la mera información y la comunicación, señalamos como requisito para que se produzca ésta última el hecho de que existiera un receptor y que éste experimentara algún efecto a partir de la información que surgía del emisor. El feedback o retroalimentación debe identificarse como la respuesta del receptor, dirigida hacia el emisor, respecto al efecto que le produce la información que recibe. Por ejemplo, en el contexto de una sesión de chat, el signo de la sonrisa ;-) que nos ofrece la persona a la que le acabamos de contar un buen chiste, o el enunciado “¿de verdad?” que escribe alguien tras haber escuchado el relato de una historia sorprendente, son dos claros ejemplo de feedback o retroalimentación.
¿Cuáles procesos y servicios son adecuados para una comunicación mediada por Internet en las Unidades de Información?
Un típico contexto comunicativo en una unidad de información: El servicio Ask a Librarian (servicio de referencia virtual 24 horas) donde el referencista recibe un mensaje electrónico de un usuario en el que solicita 14 libros electrónicos de economía de mercado y al que el referencista contesta afirmativamente con otro mensaje que incluye la información solicitada. Si obviamos de momento el mensaje de respuesta, en este entorno se ha producido un contexto comunicativo donde se pueden distinguir los siguientes elementos básicos: el emisor (usuario), la señal (el e-mail que yo recibo), el contenido informativo (la solicitud de los 14 libros electrónicos) y el receptor (referencista).
Así por ejemplo, en el caso en el que el usuario envíe el e-mail para solicitar los 14 libros electrónicos y que el referencista lee (un contexto típicamente comunicacional) se produce un flujo o contexto informativo, es decir, se ve envuelta una señal (el e-mail) que transporta un contenido informativo determinado y un emisor (usuario).
Fuentes Consultadas:
Demarchi, C. (2009). Estrategias de comunicación en entornos virtuales. (Documento en línea) Disponible en: http://www.eci.unc.edu.ar/eci/uploads/File/Conferencias/encuentro_de_comunicadores/demarchi.pdf (Consultado: abril de 2011).
Documento digital que indica las estrategias de comunicación en entornos virtuales.
Feria, L. (s.f.). Bibliotecas digitales y aulas virtuales. (Documento en línea) Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/biblio/cap7.pdf (Consultado: marzo de 2011).
Documento en línea cuyo contenido se refiere a las bibliotecas digitales y aulas virtuales.
Jabba, Galvis y Whigtman (s.f.) Diseño e implementación de un modelo de comunicación y conectividad en ambientes virtuales multiusuario. (Documento en línea) Disponible en: http://www.cse.usf.edu/~pedrow/files/articulo.pdf (Consultado: marzo de 2011).
Artículo digital que indica un resumen del diseño e implementación de un modelo de comunicación y conectividad en ambientes virtuales multiusuario.
Hassan, Y. (Et. Al.) (2004). Arquitectura de la información en entornos virtuales. (Documento en línea) Disponible en: http://www.nosolousabilidad.com/hassan/cardsorting.pdf (Consultado: abril de 2011).
Documento en línea que trata acerca de la arquitectura de la información en entornos virtuales.
Montoro, M. (2004). Información y comunicación en entornos virtuales. En: Razón y palabra. N° 38.
Artículo escrito por M. Montoro acerca de la información y comunicación en entornos virtuales.
En concreto, todo proceso comunicativo ejemplificado en un entorno virtual y donde se transmite cierta información pueden llegar a intervenir, por un lado, una serie de elementos (el emisor, la señal original, el contenido informativo, el transmisor, la señal emitida, el canal de comunicación, la señal recibida, el transmisor inverso, la señal final, el receptor, la situación, el contexto, el código y el feedback) dotados de unas funciones determinadas y, por otro lado, un factor de disfunción (la fuente de ruido).
En este tipo de entornos y en términos generales, la señal, el contenido informativo y el emisor son los tres elementos básicos de los contextos informativos. En los entornos virtuales podemos definir los procesos de comunicación como aquellos en los cuales un emisor transmite cierto contenido informativo (cierta información) a un receptor mediante el uso de una señal. Por tanto, en todos los contextos comunicativos siempre es posible identificar los siguientes elementos básicos: el emisor, la señal, el contenido informativo y el receptor. Todo contexto en el que no existan o no se puedan identificar claramente cada uno de estos cuatro elementos debe ser considerado como un episodio en el cual no se ha producido comunicación.
Introducidos los elementos básicos de los contextos informativos y de los comunicativos ya se pueden mostrar algunas diferencias claras dentro de los entornos virtuales. En primer lugar, en estos entornos hay que destacar que en ambos contextos, tanto en los informativos como en los comunicativos, la señal, el contenido informativos y el emisor son elementos imprescindibles (no existe comunicación ni flujo informativo sino existe una señal, un emisor y un contenido informativo). En segundo lugar, hemos de señalar que el receptor es un elemento necesario dentro de los contextos comunicativos (no existe comunicación si no existe un receptor), aunque no es en absoluto necesario cuando hablamos de contextos informativos.
Como se desprende de lo expuesto, a partir de los elementos necesarios que comparten los dos tipos de contexto, podemos considerar que en los entornos virtuales la totalidad de los episodios comunicacionales debe ser considerada como un subconjunto de la totalidad de los contextos de flujo informativo. Esto significa que siempre que se produce un contexto de comunicación éste incluye necesariamente un flujo de información, pero no siempre que ocurre un episodio de flujo informativo podemos decir que nos encontramos frente a un contexto comunicacional (puede producirse flujo informativo que no se vea envuelto dentro un contexto comunicacional).
Como acabamos de señalar, en este tipo de entornos, la figura del emisor es imprescindible tanto en los contextos informativos como en los comunicativos (no existe flujo informativo ni comunicación si no existe un emisor). Ahora bien, en estos entornos, para que se produzca respectivamente un episodio de flujo informativo o de comunicación ¿es suficiente con el hecho de que intervenga un emisor? La respuesta es clara: no. Para que se produzca un episodio de cualquiera de esos dos tipos contexto es necesario también que el emisor tenga la intención de transmitir cierta información (cierto contenido informativo) utilizando la señal en cuestión.
La figura del receptor es un elemento necesario dentro de los contextos comunicativos (no existe comunicación sino existe un receptor), aunque no es en absoluto necesario cuando hablamos de contextos informativos. Ahora bien, para que se produzca un episodio de comunicación en un entorno virtual ¿es suficiente con el hecho de que intervenga un receptor? La respuesta es clara: no. Para que se produzca un episodio comunicacional en este tipo de entornos es necesario también que en el receptor se produzca cierto efecto a partir de esa información transmitida y asociada a la señal utilizada. O dicho de otra manera, para que se produzca comunicación, la información transmitida por la señal debe causar cierto efecto en el receptor que la recibe. El mínimo efecto que se exige es que el receptor reciba la información (o contenido informativo) asociada a la señal.
En el proceso comunicativo donde se transmite cierta información pueden llegar a intervenir, por un lado, una serie de elementos (el emisor, el mensaje o señal original), el contenido informativo, el transmisor, la señal emitida, el canal de comunicación, la señal recibida, el transmisor inverso, el mensaje (o señal final), el receptor, la situación, el contexto, el código y el feedback dotados de unas funciones determinadas y, por otro lado, un factor de disfunción.
En concreto, este proceso puede describirse de la siguiente manera. El emisor (la fuente de información, el elemento del que parte el proceso comunicativo, y que se caracteriza por su intención de transmitir cierta información a un receptor) selecciona una señal concreta o una cadena de señales (a partir de ahora nos referiremos a esta señal utilizando las expresiones “señal original” o “mensaje”) de entre un conjunto de señales posibles (o de cadenas de señales posibles). Esta señal original o mensaje transporta un contenido informativo determinado. El transmisor se encarga de transformar o traducir ese mensaje produciendo para ello una señal (señal emitida) que a la postre es la que será transmitida. Esta señal emitida debe transportar la misma información que el mensaje. En muchas ocasiones es el propio emisor el que actúa de transmisor ofreciendo esa transformación o traducción del mensaje. Para que esa operación tenga éxito, el producto de la traducción, la señal emitida, debe ofrecerse de acuerdo a un código y en sintonía con cierto contexto.
Un código no es nada más que un sistema de señales gobernadas por un conjunto de reglas que determinan cómo y en qué contextos las señales pueden ser usadas y combinadas para transmitir información. No hay que ir muy lejos para encontrar códigos: el código morse, el código de banderas utilizado en la marina o incluso cualquiera de las lenguas naturales que hablamos (catalán, castellano, inglés, etc.) con sus reglas sintácticas y semánticas puede ser consideradas como ejemplos de códigos.
El contexto, en cambio, debe identificarse como el conjunto de señales que ya han sido trasmitidas anteriormente y que preceden a la señal emitida.
La señal emitida circula por el canal de comunicación, adecuándose al mismo y partiendo desde el transmisor. El canal no es nada más que el medio material cuya alteración permite esa transmisión de la señal emitida. El aire (cuando hablamos en persona con alguien), el papel (cuando escribimos a alguien) o el cable telefónico (cuando conversamos utilizando un teléfono) son ejemplos de canal de comunicación.
La señal emitida llega a través del canal al transmisor inverso. Cuando alcanza esa posición pasamos a denominarla señal recibida. Esta señal recibida acostumbra a coincidir con la señal emitida. El transmisor inverso (una especie de transmisor con la función comunicativa invertida) se encarga de descodificar, transformar o traducir esa señal recibida y convertirla en el mensaje (o señal final). Recordemos que este mensaje, si no se ha producido nada que altere el proceso, transporta la misma información que la señal recibida, que la emitida y, por tanto, que el mensaje. En muchas ocasiones es el propio receptor el que actúa de transmisor inverso realizando esa transformación o traducción de la señal recibida. Para que esa operación tenga éxito, el producto de la traducción, la señal emitida, debe ofrecerse de acuerdo al código y en sintonía con el contexto. El receptor, destinatario último del proceso comunicativo, recibe e interpreta esa señal final, experimentando cierto efecto a partir de esa información surgida originalmente del emisor y que se ha mantenido a lo largo de toda la cadena de elementos.
Ahora que ya hemos introducido la noción de transmisor inverso, es importante señalar que uno de los requisitos básicos que se deben exigir para que se produzca realmente comunicación es que el transmisor (o el emisor, si es éste el que desarrolla esta función) y el transmisor inverso (o el receptor, si es éste el que realiza esta actividad), al producir sus respectivas traducciones, compartan y utilicen el mismo código y se encuentren en sintonía con el mismo contexto.
Estrechamente relacionado con la figura del receptor se encuentra el fenómeno del feedback (o retroalimentación). Cuando, en el apartado anterior, mostramos las diferencias entre la mera información y la comunicación, señalamos como requisito para que se produzca ésta última el hecho de que existiera un receptor y que éste experimentara algún efecto a partir de la información que surgía del emisor. El feedback o retroalimentación debe identificarse como la respuesta del receptor, dirigida hacia el emisor, respecto al efecto que le produce la información que recibe. Por ejemplo, en el contexto de una sesión de chat, el signo de la sonrisa ;-) que nos ofrece la persona a la que le acabamos de contar un buen chiste, o el enunciado “¿de verdad?” que escribe alguien tras haber escuchado el relato de una historia sorprendente, son dos claros ejemplo de feedback o retroalimentación.
¿Cuáles procesos y servicios son adecuados para una comunicación mediada por Internet en las Unidades de Información?
Un típico contexto comunicativo en una unidad de información: El servicio Ask a Librarian (servicio de referencia virtual 24 horas) donde el referencista recibe un mensaje electrónico de un usuario en el que solicita 14 libros electrónicos de economía de mercado y al que el referencista contesta afirmativamente con otro mensaje que incluye la información solicitada. Si obviamos de momento el mensaje de respuesta, en este entorno se ha producido un contexto comunicativo donde se pueden distinguir los siguientes elementos básicos: el emisor (usuario), la señal (el e-mail que yo recibo), el contenido informativo (la solicitud de los 14 libros electrónicos) y el receptor (referencista).
Así por ejemplo, en el caso en el que el usuario envíe el e-mail para solicitar los 14 libros electrónicos y que el referencista lee (un contexto típicamente comunicacional) se produce un flujo o contexto informativo, es decir, se ve envuelta una señal (el e-mail) que transporta un contenido informativo determinado y un emisor (usuario).
Fuentes Consultadas:
Demarchi, C. (2009). Estrategias de comunicación en entornos virtuales. (Documento en línea) Disponible en: http://www.eci.unc.edu.ar/eci/uploads/File/Conferencias/encuentro_de_comunicadores/demarchi.pdf (Consultado: abril de 2011).
Documento digital que indica las estrategias de comunicación en entornos virtuales.
Feria, L. (s.f.). Bibliotecas digitales y aulas virtuales. (Documento en línea) Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/biblio/cap7.pdf (Consultado: marzo de 2011).
Documento en línea cuyo contenido se refiere a las bibliotecas digitales y aulas virtuales.
Jabba, Galvis y Whigtman (s.f.) Diseño e implementación de un modelo de comunicación y conectividad en ambientes virtuales multiusuario. (Documento en línea) Disponible en: http://www.cse.usf.edu/~pedrow/files/articulo.pdf (Consultado: marzo de 2011).
Artículo digital que indica un resumen del diseño e implementación de un modelo de comunicación y conectividad en ambientes virtuales multiusuario.
Hassan, Y. (Et. Al.) (2004). Arquitectura de la información en entornos virtuales. (Documento en línea) Disponible en: http://www.nosolousabilidad.com/hassan/cardsorting.pdf (Consultado: abril de 2011).
Documento en línea que trata acerca de la arquitectura de la información en entornos virtuales.
Montoro, M. (2004). Información y comunicación en entornos virtuales. En: Razón y palabra. N° 38.
Artículo escrito por M. Montoro acerca de la información y comunicación en entornos virtuales.
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